top of page

Altar: ¡Espíritu Santo, Avívame!


Leer Hechos 2:1-2 "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos… y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio… y llenó toda la casa"


Adoración recomendada: "Yo Navegaré". (https://www.youtube.com/watch?v=osqRHgBtuHc).


Hay momentos en la vida en los que uno siente que algo dentro se ha ido apagando. Seguimos creyendo, pero en el fondo sabemos que necesitamos algo más. Necesitamos fuego. Necesitamos pasión. Necesitamos un avivamiento.


En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre hombres y mujeres sencillos que estaban esperando con hambre y unidos orando. Ningún avivamiento se programa o anuncia, sino que ocurre de repente.


¿Qué es el avivamiento? No es emoción pasajera. Es el Espíritu Santo despertando de nuevo nuestro corazón. Es volver a sentir la santidad de Dios con reverencia, su amor con asombro, y la obediencia no como carga, sino como respuesta de agradecimiento. Además, trae consigo el incremento de la unción y de milagros.


El verdadero avivamiento comienza dentro, pero nunca se queda allí. Toca matrimonios heridos, restaura hijos, sana el corazón, levanta al que caído. Un creyente encendido por el Espíritu inevitablemente ilumina su casa. Y una casa transformada empieza a cambiar nuestra vida y traer cambios a nuestro alrededor, desde el entorno más cercano, hasta impactar ciudades y naciones.


Cuando el Espíritu de Dios se mueve, trae libertad. Donde llega el Reino de Dios, las cadenas se rompen. El miedo pierde fuerza. La culpa deja de dominar. Las opresiones retroceden. Dios quiere usar a sus hijos para traer Su Reino, porque donde quiera que se establezca el Reino de Dios, las tinieblas son desalojadas y los poderes demoníacos son echados fuera. Se manifiesta el poder de Dios con milagros, señales y un mover sobrenatural en tu vida.


Además, todo avivamiento auténtico nos envía. Como dice la Escritura: “Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…” (Hechos 2:17). Hijos, jóvenes, ancianos… nadie queda excluido. Cuando el Espíritu nos llena, nos impulsa a compartir esperanza. No podemos guardar para nosotros lo que Dios ha hecho en nosotros.


Incluso en el ámbito material, el avivamiento establece orden donde había confusión y revela propósito donde solo había preocupación.  Las finanzas dejan de ser un objetivo en sí mismas y se transforman en instrumentos para bendecir a otros. Bajo el gobierno del Espíritu, aprendemos a gestionar con sabiduría, a sembrar en el Reino, a sostener iniciativas que restauran vidas, confiando en que la provisión viene de Dios y no solo de nuestros esfuerzos y Él es nuestro proveedor Fiel.


Hoy quiero hablarte al corazón: si te sientes estancado, agotado o espiritualmente seco, no te resignes a vivir así. El cielo no está cerrado ni Dios se ha alejado. El mismo Espíritu que descendió con poder en Pentecostés sigue soplando hoy, dispuesto a renovar lo que parece marchito. Quizá lo que necesitas no es esforzarte más, sino rendirte más. No es llenar tu agenda de actividad, sino abrir tu vida a una intimidad más profunda con Él.


Dile hoy al Señor: “Aviva mi corazón”. Rindo mi voluntad Dios. Permite que Él sane lo que duele, encienda lo que se apagó y fortalezca tu relación con El. Un avivamiento no comienza en una multitud. Comienza en un corazón dispuesto. Y puede comenzar hoy, en el tuyo.


Oración Profética:

Señor, hoy me acerco a ti con plena confianza pues tu conoces todo de mi. Te pido precioso Espíritu Santo que me avives, sopla vientos del norte sobre mi, aviva el fuego de tus dones en mi interior, y dame de los que aun no tengo, para tener más para compartir con otros. Hoy profetizo y le hablo a mi espíritu, y pido al Espíritu santo, ven y sopla sobre mi vida y viviré... Avívame, avívame, avívame

Sigue orando con tus propias palabras, de forma audible y deja que el Espíritu Santo te guíe… En el nombre de Jesús.


Amén.




 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page