El poder del nombre de Jesús: cómo orar con autoridad según la Biblia.
- Álvaro Otálvaro Rojas

- hace 6 días
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Actualizado: hace 2 días

Leer Juan 14:13-14 "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré."
Adoración recomendada: "Jesús es el Nombre". (https://www.youtube.com/watch?v=Hs77ErcL3m8).
Hay momentos en los que oramos con todo el corazón… pero sentimos que el cielo está en silencio. Oramos por nuestra familia, por nuestra salud, por nuestras luchas internas y a veces pensamos: “¿Dios me estará escuchando?” ¿Cómo debemos orar?
Pero Jesús nos dejó una promesa poderosa: Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré."
Esto significa que nuestra oración no depende de nuestra fuerza, depende del Nombre que la respalda. Y ese Nombre es Jesús. No es una palabra religiosa. No es una frase que repetimos al final de la oración. Es autoridad. Es acceso. Es herencia para los hijos de Dios. Jesús enseño a orar diciendo: “Padre nuestro que estás en los cielos…” (Mateo 6:9). La oración comienza con una relación. No nos acercamos a un Dios distante, sino a un Padre. Cuando nacemos de nuevo, dejamos de ser extraños y nos convertimos en hijos.
¿Qué significa el nombre de Jesús?
En hebreo, Jesús (Yeshúa) significa “Jehová es salvación”. Pero la salvación bíblica es mucho más amplia que el perdón de pecados. La palabra griega soteria incluye sanidad, liberación, restauración, protección, provisión y seguridad. Cuando pronunciamos su Nombre con fe, estamos invocando su naturaleza, su victoria y su obra consumada en la cruz.
Jesús declaró: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). Y el apóstol Pablo añade que Dios le dio “un Nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9-10).
Su autoridad alcanza tres dimensiones: En los cielos, en la tierra Y debajo de la tierra. No existe ámbito espiritual, humano, ni infernal que esté fuera del dominio de Jesús. Su Nombre está por encima de toda enfermedad, de todo temor, de toda opresión, de todo sistema y de toda pobreza. Cuando oramos en su Nombre, no hablamos desde nuestra fuerza, sino desde su autoridad.
¿Quién puede usar este Nombre?
“Más a todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).
El derecho de usar el Nombre de Jesús no es exclusivo de unos pocos “ungidos”. Es herencia de todo hijo nacido de nuevo. La Iglesia recibió este Nombre para representar el Reino en la tierra: para orar, para interceder, para proclamar libertad y para reflejar la victoria de Cristo.
El Nombre que levanta: Un hombre llevaba años sentado a la puerta del templo. No era un desconocido: todos lo habían visto. Todos sabían su historia. Era el cojo de nacimiento que cada día era colocado en el mismo lugar para pedir limosna. Su mundo tenía el tamaño de esa puerta. Su expectativa era sobrevivir un día más. Entonces llegaron Pedro y Juan. El hombre extendió la mano esperando monedas. Pero Pedro le dijo algo que cambió su historia: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO DE NAZARET, LEVÁNTATE Y ANDA” (Hechos 3:6).
Pedro no tenía recursos humanos suficientes. Él sabía que llevaba algo mayor que el oro, llevaba el Nombre de Jesús. Y cuando ese Nombre fue declarado, las piernas que nunca habían sostenido peso recibieron fuerza. Los tobillos se afirmaron. Lo que estuvo inmóvil por años respondió en un instante. El hombre no solo caminó. Saltó. Alabó. Entró al templo por sus propios pies. Ese es el poder del Nombre de Jesús. EL MILAGRO LO CONDUJO A LA ADORACIÓN. Y aquí está la transformación. El poder del Nombre de Jesús no solo nos levanta… nos introduce en una vida de adoración verdadera. Porque cuando alguien ha sido levantado por Cristo, ya no adora por costumbre. Adora por gratitud. Ya no canta por rutina. Canta porque sabe de dónde fue sacado.
Hoy alguien puede levantarse.
Muchos hoy están sentados a la “puerta” de sus limitaciones: A la puerta del miedo, a la puerta del diagnóstico, a la puerta de la frustración, a la puerta de una historia que parece no cambiar. Ciclos que se repiten. Pero cuando el Nombre de Jesús es proclamado con fe, algo invisible comienza a alinearse. Lo débil recibe fuerza. Lo paralizado se activa.
El milagro ocurrió en el Nombre de Jesús, pero el hombre tuvo que responder y ponerse de pie. (Creer y Actuar) El Nombre tiene poder absoluto, pero se activa en un corazón que decide levantarse. Tal vez alguien ha vivido años sentado en la misma condición espiritual, emocional o familiar. Pero hoy el cielo sigue diciendo: No naciste para quedarte en la puerta.
Oración Profética:
Padre nuestro, Hoy nos acercamos a Ti como hijos, confiando en el poderoso Nombre de Jesús. Declaramos que ese Nombre está sobre toda enfermedad, sobre toda opresión y sobre toda ansiedad. Señor, levanta hoy a todo aquel que ha estado sentado en la puerta del miedo, del dolor o de la frustración. Que todo lo que ha estado paralizado reciba fuerza bajo tu autoridad. Hoy creemos que no nacimos para quedarnos en la puerta. Fuimos llamados a levantarnos, caminar en tu propósito y adorarte con todo nuestro corazón. Declaramos que el Nombre de Jesús tiene la última palabra en nuestra casa, en nuestra familia y en nuestro futuro. En el poderoso Nombre de Jesús...
Sigue orando con tus propias palabras, de forma audible y deja que el Espíritu Santo te guíe… En el nombre de Jesús.
Amén.



Excelente palabra 👌🏽
Gracias Dios todo poderoso. por tu gracia y tu misericordia