Altar: La Honra Atrae y Conecta
- Álvaro Otálvaro Rojas

- 16 feb
- 2 Min. de lectura

Leer 1 Samuel 2:30 "Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco"
Adoración recomendada: Se Entronado. (https://www.youtube.com/watch?v=43a7zWSbhn0).
La honra no es un concepto religioso ni una fórmula espiritual. La honra es una respuesta del corazón que reconoce quién es Dios y el lugar que Él merece en nuestra vida. Honrar a Dios no comienza con lo que damos, sino con cómo lo vemos. Cuando entendemos Su grandeza, Su fidelidad y Su amor constante, la honra surge de manera natural.
La Palabra nos recuerda un principio eterno: Dios responde a la honra. No como un Dios distante que exige, sino como un Padre que recompensa a quienes lo ponen en primer lugar.
La honra se discierne
No todos perciben la honra de la misma manera. Quien camina solo en lo natural puede tratar las cosas de Dios con ligereza. Pero cuando hay revelación, aprendemos a quién honrar, cuándo honrar y cómo honrar. La honra nace cuando el corazón despierta y entiende que Dios no es una parte más de nuestra agenda, sino el centro de todo.
La honra es un lenguaje del Reino
En el Reino de Dios, la honra es un lenguaje poderoso. Es una forma de decirle a Dios: “Confío en Ti, dependo de Ti y te reconozco como mi fuente”. Nadie que pone a Dios primero queda avergonzado. Al contrario, hay una paz profunda que acompaña a quien vive honrando, aun en medio de la crisis, porque sabe que Dios cuida, provee y sostiene.
La honra atrae y conecta
Cuando honramos a Dios, algo sucede en lo espiritual. La honra capta Su atención, nos conecta con Sus sistemas de recompensa y nos posiciona bajo Su favor. Dice la Biblia que quien honra a un profeta, tiene recompensa de profeta (Mt. 10:41). Si honramos a una persona, recibiremos la recompensa que está sobre ella. Efesios 6:2-3 dice: "Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien..."
¿Cómo honramos a Dios?
Honramos a Dios, primero, con nuestra obediencia. Las palabras sin hechos no son honra. Dios mira el corazón, pero también observa nuestras decisiones diarias. Lo honramos también con nuestras finanzas, cuando damos nuestros diezmos, ofrendas y primicias como un acto de confianza, no de obligación. Al hacerlo, declaramos que Él es nuestra provisión y que dependemos más de Su fidelidad que de nuestras circunstancias.
Y lo honramos poniéndolo en primer lugar en todas las áreas: en nuestro tiempo, en nuestras prioridades, en nuestras decisiones. Jesús lo dijo con claridad: cuando buscamos primero el Reino, lo demás encuentra su lugar.
Hoy, Dios no nos llama a dar más, sino a ponerlo primero. A honrarlo desde el corazón, con una vida alineada, sensible y agradecida. Él sigue siendo fiel a Su palabra: honra a quienes le honran.
Oración Profética:
Señor, hoy decidimos ponerte en el primer lugar. Enséñanos a honrarte no solo con palabras, sino con una vida rendida, obediente y confiada. Que todo lo que somos y tenemos refleje que Tú eres nuestra fuente.
Sigue orando con tus propias palabras, de forma audible y deja que el Espíritu Santo te guíe… En el nombre de Jesús.
Amén.



Gracias ,al que fue. Al que es.y al que ha de volver
Poderoso Señor enséñanos a darte en todo el primer lugar siempre